El Güito en una imagen de 1996, en Canal Andalucía
En 1959, cuando tenía 17 años, El Güito fue designado mejor bailarín del mundo en el Théatre des Nations, en Moscú. Su carrera no había hecho más que empezar y las décadas de baile que le quedaban por delante no hicieron más que confirmar la grandeza de su arte.
Nacido como Eduardo Serrano Iglesias, en 1942, en la calle Mira el Sol, en el Rastro, se inició en el baile en las jaranas que se montaban en las corralas y en los bares de la zona, se formó desde los 11 años en la importante academia de Antonio Martín -en la plaza General Vara de Rey- y despegó como artista con tan solo 15 años, poco después de que se cruzara en su vida la coreógrafa y gran maestra Pilar López, con cuya compañía se presentó a esa edad en Londres.
Tanto solo como acompañado giró por escenarios de todo el mundo, aunque su casa fueron los tablaos madrileños, donde reinó. Su especialidad, el baile por soleá.
En Lavapiés, una vez retirado, ejerció como maestro en la escuela de baile Amor de Dios, en la calle Santa Isabel, y fue un habitual de las noches del recientemente reabierto Candela.
Muchos dicen que este jueves, en Collado, ha muerto, a los 83 años, el bailaor más grande que nunca dio Madrid, la última leyenda del baile flamenco y gitano de el Rastro.
Para quien quiera saber más de El Güito, el flamencólogo, músico, productor y escritor José Manuel Gamboa le dedicó un libro de 400 páginas: ‘El Güito ¡La cabeza del flamenco! Hechos y hechuras del maestro’.