Una plaza sin bancos no es un error es una decisión de diseño urbano y si la nueva Tirso de Molina no tiene prácticamente lugares donde sentarse libremente responde a que así lo ha decidido el Ayuntamiento de Madrid, responsable único de la remodelación que está a punto de concluir.
En Tirso se ha optado por crear un espacio de paso, no de estancia. Además, las obras no solo han eliminado los bancos corridos que había en el espacio central de la antigua plaza sino que los parterres se han rematado con piezas inclinadas de granito que evitan que sus bordes sean usados para sentarse, algo que era habitual.
La apuesta que se ha hecho por el llamado urbanismo hostil o defensivo -una forma de diseñar el espacio público con el objetivo de controlar o limitar ciertos usos y comportamientos, en lugar de fomentar que la gente permanezca y lo disfrute libremente- resulta clara.
Bancos testimoniales
Las únicas concesiones, cuatro mínimos asientos individuales que se pierden entre los puestos de flores y otros seis paralelos a la fachada del Teatro Apolo, más tres pequeños bloques bajos de granito que acotan una de las nuevas barandillas de la parte oeste de la plaza, otros dos en la zona este y un banco corrido situado dentro del parque infantil.
Sin bancos la plaza no invita a quedarse. Su eliminación deliberada evita que personas sin hogar duerman sobre ellos y que haya concentraciones prolongadas de personas, pero también la hacen poco acogedora para vecinos, mayores y familias.
Con una imagen más limpia y despejada, la nueva Tirso de Molina resulta más útil para el flujo urbano y menos para la convivencia.
Eso sí, siempre quedará la posibilidad de descansar en la plaza previo paso por taquilla: como antes, son alrededor de 200 las sillas de terrazas de hostelería que hay a lo largo de toda su superficie, aunque ese es otro tema, otra liga.
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