16 de julio de 2024

Placa en honor a Antonio Zozaya, situada sobre el Bar Santurcee | xLavapiés

Entre 1927 y 1941 la actual plaza General Vara de Rey se llamó de Antonio Zozaya, tal y como recuerda la placa que aún hoy pervive, entre el ruido visual de la ciudad, en el número 4 de esa plaza, sobre el popular Bar Santurce.


Zozaya (Madrid, 1859 – México, 1943), intelectual republicano de izquierdas, lo tenía todo para que los vencedores de la Guerra Civil trataran de borrarlo de la historia y, aunque lo hicieron desaparecer del callejero de la ciudad, no se sabe por qué olvidaron destruir su placa, que fue sufragada en su día por suscripción popular, tal y como se puede leer hoy en la misma.


En 1927, con Zozaya en vida, una comisión de relevantes literatos solicitó al Ayuntamiento que se le dedicara una calle “por su amplia labor periodística” (publicaría más de 8.000 a lo largo de su vida) y así fue como se decidió que la explanada conocida como del Cerrillo del Rastro, surgida tras la demolición de varios mataderos, llevara su nombre.

Placa que daba nombre el nombre de Zozaya a la actual plaza Vara de Rey


Antonio Zozaya fue, además de periodista, jurista y escritor. Fundó varios periódicos, así como la Biblioteca Económica Filosófica -para poner la gran cultura al alcance de las clases menos favorecidas- y el partido Izquierda Republicana. En 1936 recibió una de las primeras Medallas de Madrid y, entre otros premios y distinciones, hasta se hizo merecedor de la Medalla de la Legión de Honor en Francia.


Cuenta su bisnieta, la historiadora María Zozaya, que la producción periodística de su antepasado se centró en “denunciar las desigualdades del sistema” y que entre sus temas recurrentes estaban “la injusticia ante las capas populares, la explotación de los obreros, la discriminación de las mujeres y la mala situación de los pobres o presos”.

Nacido en la calle Atocha, la muerte le llegó a Zozaya en el exilio mexicano después de abandonar España tras la Guerra Civil.


Podríamos considerar la placa que en su honor sigue en el barrio un segundo vestigio republicano que ha sobrevido a la Dictadura en el espacio público de Lavapiés-Embajadores, aunque este sea mucho más discreto que el de la descarada y conocida fuente de Cabestreros.

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